Las tierras de Alcorisa durante la Prehistoria y la Historia Antigua

En Alcorisa, a partir de los años setenta, los trabajos del arqueólogo Andrés Álvarez y su equipo aportaron estudios fehacientes sobre períodos amplios de la Prehistoria, a partir del Neolítico Medio hasta la etapa del Hierro I. De la misma manera, la profesora Montserrat Martínez y Ricardo Alcón prospectaron, catalogaron y estudiaron numerosas estaciones, algunas de la etapa del Bronce y Hierro I y, las más de las fases ibéricas y romanas.

En la Carta Arqueológica de Aragón, de 1991, 7 estaciones arqueológicas de Alcorisa se encuadran bien en el Neolítico medio, Calcolítico y Eneolítico, llegando muchas de ellas al Bronce Antiguo. Generalmente, se trata de talleres donde se trabaja el sílex, sin poder asociarlos con hábitats concretos. Por otra parte, 3 estaciones se incardinan en el Bronce Antiguo; 22 en las etapas Bronce-Hierro I y 35 en las distintas fases de la cultura Ibérica o Hierro II. Estas cifras han cambiado, por los hallazgos habidos posteriormente a la edición de la Carta Arqueológica anteriormente citada. En cuanto a la presencia romana, se constata el punto importante de la base del yacimiento ibérico de La Guardia, así como la posible villa del Mas de Marín y varios hallazgos indeterminados. Todo ello, es un exponente del intenso poblamiento habido en estas tierras y la capacidad agrícola de las diferentes hoyas terciarias que configuran el paisaje.

Edad Media (476 – 1492) Alcorisa

El milenio medieval en Alcorisa está plagado de claroscuros. La caída del imperio romano en Occidente había dejado un vacío de poder en toda la península ibérica, circunstancia aprovechada por los visigodos para asentarse en ella definitivamente.

No existe certeza arqueológica de la presencia de un posible asentamiento visigodo cercano a la villa actual, pero la proximidad de Alcorisa con la necrópolis visigoda de La Virgen de la Peña, en Berge, invita a pensar que también estuvieron presentes en nuestro territorio.

En el año 714 las tropas andalusís se hacen con el control del valle del Ebro. Apenas hay indicios arqueológicos de la presencia musulmana en las proximidades de la villa, aunque sí existe coincidencia histórica de que el origen de nuestro nombre, el desaparecido castillo (referenciado por primera vez en una bula papal firmada por Gregorio VIII en el año 1187) y el primer núcleo poblacional estable a las faldas de la Peña de San Juan,  son atribuibles a este periodo.

El primer documento histórico donde aparece referencia escrita a Alcorisa, data de 1148, treinta años después de que Alfonso I El Batallador conquistase Alcañiz por primera vez. Se trata de un testamento firmado por el Obispo Bernardo Sito en el Cartulario de La Seo de Zaragoza. No sería hasta 1168, de la mano de Alfonso II, cuando las fronteras en el Bajo Aragón fueron consolidadas, quedando definitivamente Alcorisa en manos cristianas.

En 1179 Alfonso II cede Alcañiz a la Orden de Calatrava. Alcorisa estaba integrada como aldea dentro de los dominios de los monjes guerreros de la cruz flordelisada. Con el objetivo de asegurar la frontera y asentar población, los regidores calatravos subarriendan las fortalezas y aldeas que se encontraban entre sus posesiones.

En el año 1271, se hace cargo del señorío alcorisano la familia Ballester. El origen de su Casa Madre era Mallorca, sie

ndo Alcorisa su posesión más cercana a la corte zaragozana. Hay un punto de inflexión importante tras la llegada de los nuevos señores a la aldea, pues en 1283, el Comendador de la Orden de Calatrava en Alcañiz, Ruy Sánchez, nos concede nuestros primeros fueros, por lo que es muy probable que entre 1271 y 1283 se construyera el casco antiguo de Alcorisa. Así, la creencia popular es que la famili

En el siglo XIV Alcorisa asienta población y la Orden Calatrava comienza a conceder privilegios sobre pastos, recursos forestales, agrícolas, hornos y molinos a los habitantes de la aldea. En 1432 Alonso de Aragón, Comendador Mayor de la Orden, concede unos ambiciosos Estatutos a Alcorisa, lo que supondrá un paso más en la consolidación poblacional de la pedanía alcañizana, que inicia la Edad Moderna con el anhelo, cada vez mas arraigado, de convertirse en Villa de pleno derecho.a Ballester fue la fundadora de nuestra población tal y como hoy la conocemos.

La Edad Moderna en Alcorisa

La Edad Moderna transformó el devenir de una pequeña aldea que inició su andadura en este nuevo periodo histórico formando parte del señorío calatravo de Alcañiz y sumida bajo el Antiguo Régimen.

A la hora de analizar el número exacto de la población alcorisana nos enfrentamos a la complejidad de su contabilidad, basándose en fuegos o unidades familiares, las cuales solían estar compuestas por una media de cuatro personas. De este modo, para hacernos una idea, en 1495 la población rondarían los setecientos habitantes y en 1787 los mil novecientos sesenta.

Respecto a la economía, la mayor parte de la población se dedicaba a la agricultura extensiva de secano, donde destacó la tríada mediterránea: vid, cereal y olivo. La ganadería también se hizo hueco con el sector lanar, desarrollándose un asociacionismo entorno al Ligallo de Ganaderos de la Villa de Alcorisa, presente ya a finales del siglo XVII. Por último, tendríamos que destacar el papel de los artesanos, subrayando la importancia de los alfareros, alpargateros y tejedores.

Sin embargo, uno de los procesos más relevantes del periodo fue el tránsito de aldea a Villa, que tendría una fuerte repercusión en el ámbito jurídico y económico. En 1590 se otorga la concesión de la jurisdicción sobre causas menores, aprobación que benefició para que en 1590 Alcorisa le entregara a Gabriel Alloza la responsabilidad de solicitar al rey el título de Villa. Así, el 14 de marzo de 1601, Felipe III firma la concesión de dicho título a cambio de 7.000 libras jaquesas. Alcañiz se opuso a esta decisión, por lo que entre 1601 y 1605 tiene lugar un largo pleito del cual saldrá Alcorisa vencedora, poniéndose en práctica el nuevo régimen de Villa el 9 de noviembre de 1605.

La Edad Contemporánea en Alcorisa

Alcorisa fue sinónimo de guerra y progreso durante su periodo contemporáneo. Un territorio que presenció diversos conflictos bélicos que marcaron el antes y el después en una localidad sumergida en un Aragón rural.

Situados en 1789, Alcorisa pertenecía al señorío de la Orden de Calatrava, en concreto a la encomienda de Alcañiz. Demográficamente y económicamente hablando disfrutó del crecimiento que supuso el siglo XVIII hasta que la Guerra de la Independencia golpeó a su población. La lucha contra los franceses supuso que muchos hombres fueran trasladados a Zaragoza para combatir contra los enemigos. Finalmente, a finales de 1809 el Bajo Aragón era ocupado por las tropas napoleónicas.

Tras la contienda, Alcorisa vuelve a sumergirse en un periodo convulso de constantes cambios. La vuelta de Fernando VII representó esa alternancia entre el liberalismo y el Antiguo Régimen, que tuvo su cénit con la primera guerra carlista, donde la localidad ocupó un espacio estratégico debido a su situación geográfica entre el Maestrazgo y el Bajo Aragón. El triunfo del liberalismo acabó por romper con el Antiguo Régimen y construir un nuevo futuro para la Villa durante el resto de centuria.

El cambio de siglo llegó con una fuerte crisis económica que afectó a los cerca de 3.133 habitantes. No obstante, el primer tercio del nuevo siglo estaría marcado por una fuerte desigualdad social sostenida por la propiedad de la tierra, una lenta modernización y la influencia caciquil. Así, llegaríamos a una breve II República, donde Alcorisa inicia entre fuertes convulsiones políticas un pequeño proceso de democratización que se rompería con la guerra y la posterior etapa franquista.

No será hasta la muerte de Franco cuando Alcorisa vuelve a respirar aires nuevos, siendo en las elecciones del 3 de abril de 1979 el momento en el que se elijan a los nuevos ayuntamientos democráticos.